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La función social del Abogado ha sido evidente a lo largo de toda su existencia, satanizada por quienes solo ponen ojos a los casos menos representativos, los cuales incluso se ven lastimosamente replicados en otras profesiones, no merman la importancia y trascendencia de la función.
Son incontables las experiencias favorables, y cuando no lo son, cabe recordar que a lo imposible nadie está obligado, por ello el Abogado debe ser claro con el cliente en cuanto a sus expectativas.
Pruebas son sentencias favorables, sin pruebas ningún juicio se gana.
Editorial
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